jueves, 15 de noviembre de 2018

A no ser en tus manos

A no ser en tus manos,
donde mejor me encuentro es en el mar,
allí empiezo a leer hojas a los peces
-en el bosque leo peces a las hojas-,
en las hojas del nogal he aprendido.
En los ojos de los hombres nada veo,
a veces les cuelga una lista de muertos
de las sucias pestañas.

Por eso retorno a tus manos,
que siempre me ofrecen un mendrugo de paz.

Gloria Fuertes
Ilustración: Catrin Welz-Stein

miércoles, 14 de noviembre de 2018

En todas partes...

En todas partes,
aún si estuvieras completamente desnudo
o completamente cubierto
o completamente loco,
te veía ascender las colinas de mi origen
y no sé
tan enamorada como estoy
cómo hiciste para conocerme
y quién te hizo entrar en mí.
Eres una hoja,
un trazo abstracto
que se eleva como una cometa
que arroja puñados de sal
en mis heridas abiertas,
mas no importa:
es siempre salsedumbre de aquella mar
llena de corales, peces,
tal vez de muertos e infinitos submarinos.
Lo que me dices no tiene importancia,
ninguno de los dos nos escuchamos
pues nuestras peticiones descendieron a un mundo
donde vivíamos sólo tú y yo
en compañía de un amor
que jamás cuestionarán
pues con nadie lo hemos hablado.

Alda Merini
Ilustración: Katarina Vavrova

martes, 13 de noviembre de 2018

Mar femenino

Te amo porque te pareces al mar
y junto a tu cuerpo los días se repiten como cicatrices
[entreabiertas.
Te amo porque eres más bella cuando estás inmóvil
en los instantes sin orillas ni leyendas
cuando tus rodillas recuerdan arenas duras
y tu sangre es un sol que corre por tus venas.

Así como estás recuerdas al mar subiendo, al mar
femenino de los acantilados y de las cuevas submarinas,
al mar de mi infancia, elevado en mi sueño, al mar
sentado como un trono sobre la tierra.
Con tus pies colocados como proas de navíos, evocas el
mar despojado de todas las islas, el mar de los amantes
que se aman como fieras marinas en medio de las
aguas elevadas, el mar de profundas densidades como
bitácoras.
Admites el amor unido al agua y a la piedra
y eres bella como el sueño, la ola o el viento del mar.


Lêdo Ivo
Ilustración: Enoki Toshiyuki

lunes, 12 de noviembre de 2018

Siempre


No eres tú.
Siempre yo.
Casa, árbol, dolor,
ventana, pan, baile, temor.
Siempre yo.
Siempre saliéndome al paso.


Blanca Varela
Ilustración: Tiina Kivinen

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Este mundo

Sólo acepto este mundo iluminado
cierto, inconstante, mío.
Sólo exalto su eterno laberinto
y su segura luz, aunque se esconda.
Despierta o entre sueños,
su grave tierra piso
y es su paciencia en mí
la que florece.
Tiene un círculo sordo,
limbo acaso,
donde a ciegas aguardo
la lluvia, el fuego
desencadenados.
A veces su luz cambia,
es el infierno;
a veces, rara vez,
el paraíso.
Alguien podrá quizás
entreabrir puertas,
ver más allá
promesas, sucesiones.
Yo sólo en él habito,
de él espero,
y hay suficiente asombro.
En él estoy,
me quede,
renaciera.


Ida Vitale
Ilustracion: John Lendis

lunes, 5 de noviembre de 2018

Tu nombre


Como una gota de miel venenosa,
tu nombre, el que te dio tu madre,
se derrama amargamente en mi garganta.
Bajo distintos cielos clamé tu nombre,
lo lamenté en todos los lechos;
leí tu nombre en filigrana en la página de mi desdicha,
claro como el sollozo que vierte sobre nosotros un ángel.
Tu nombre, con el que duermo,
lastima mi boca como si fuera un talismán,
y me arrastra, como una sentencia, hacia el destierro.
Tu nombre, como un niño bello y desnudo,
se revuelca en todos los fangos.
Gimo tu nombre como limosnera
frente a las puertas de la ciudad en llamas.
Manchado por las moscas-chismes de la infamia,
la gente pronuncia vulgarmente tu nombre,
X desconocida, tú misma.
Tu nombre de bautismo
inscrito en los registros negros del diablo
y en el libro de oro de Dios.
Tu nombre es la única cosa que jamás te podré regresar;
no importa que lo repita mil veces,
nadie me lo podrá arrebatar.
Cada letra de tu nombre es un clavo de mi pasión,
y lo único, quizás, que nunca podré olvidar
hasta que llegue el día de la resurrección.


Marguerite Yourcenar
Ilustración: Erika Kuhn

miércoles, 31 de octubre de 2018

Decálogo

No invadirás mi reino ni los mares que amparan mis fronteras.
No abrirás una brecha en la muralla
que protege a la bestia herida.
No borrarás la imagen que con éxito
me empeño en moldear frente al espejo en los días de niebla.
No robarás la paz que, aunque endeble,
mantiene en orden mis ciudades, anclados en el puerto los navíos.
No incendiarás el mundo que logré edificar
sobre tanta derrota y a pesar de ello.
No entrarás, sobornando al centinela, en la alcoba
donde aguardé cien años y un día tu regreso.
No templarás tu acero en el cráter ardiente de mi espíritu.
No sembrarás en mí, de nuevo,
el temor de perderte.
No sabrás
que una palabra tuya basta para herirme de muerte
y hacer de mi corazón un campo de exterminio. No sabrás
cuanto anhelo rendir a tus pies este imperio,
entregarte mis armas y abdicar de mi misma entre tus brazos.
No verás, mi Señor, nunca verás
las lágrimas de amianto
con las que tejo mi armadura.

Chantal Maillard
Ilustración: Sonia MariaLuce Possentini

domingo, 28 de octubre de 2018

Origami


¿Sabes ese vértigo
al doblar un papel
sin saber si será un pájaro
o un velero?

Como el de hacer una nube
con palabras que resuman
un año en el mundo,
una noche sencilla.

Sofía Castañón

sábado, 27 de octubre de 2018

Un artista


Me fascina imaginar su cólera.
Su obstinación ante la roca, su contención
de la sustancia de las manzanas verdes.

El modo en que supo ser perro ladrando
frente a su imagen ladrando.
Y su odio por la propia actitud
ante el único trabajo que merecía la pena,
la vulgaridad de esperar si acaso
gratitud o admiración, significado
al fin de un robo de sí mismo.

Y el modo en que su fortaleza se erguía,
segura de estar haciendo lo que sabía hacer.
Su frente como una boule arrojada,
surcando el incoloro espacio
tras la manzana y la montaña.


Seamus Heaney

jueves, 25 de octubre de 2018

Firme propósito

Ni protegerse del día bajo el árbol de las tinieblas,
ni morder en el fruto la dulce carne del verano,
ni besar largamente los lívidos labios
de muertos hastiados de haber existido.

Ni penetrar, transido, el frío corazón del álgebra,
ni clavar en el vacío una máscara,
ni acostar bajo el sólido olvido célebres huesos
ni derramar su nada en un sepulcro prestigiado.

Ni acariciar, amor, tu ardiente garganta,
ni quemar tu deseo en el fuego negro de la espera,
ni aplicar al dolor el torniquete de la resignación.

Ni levantar hacia el cielo las manos insatisfechas,
sino soportar en uno mismo, en medio de la noche sin
pensamientos,
el profundo vacío de un corazón donde la vida ha
sangrado.

Marguerite Yourcenar
Ilustración: Véronique Paquereau

miércoles, 24 de octubre de 2018

La sangre


Yo me siento la sangre. ¿No la sentís vosotros?
Sangre de la mujer, cáliz abierto.

Yo me siento la sangre. Ella me nutre.
Me llena, me dibuja, me sostiene.

Callada sinfonía de mis pulsos.
Verso rimado en rojo por mis venas.
Vuelo encerrado en íntimas volutas.
Río escondido de infinitas ramas
fertilizando mi sensible barro.

Yo la siento correr. Flujo y reflujo
bate las hondas playas de mi pecho,
sube por mi garganta estremecida,
moja mis labios con sabor espeso
de miel caliente. Grita
y enciende la codicia de mis ojos.

Mi sangre, zumo denso circulando
por todos mis poemas. Limpia savia
irguiéndose en la regia primavera
del hijo conseguido.

Amo mi sangre. Cuando yo me muera
no la dejéis cuajarse como hielo
hecho con agua sucia.
No la dejéis secarse en polvo oscuro.
Descomponerse en jugos malolientes.
Cuando yo muera, abridme, desatadme
las frágiles esclusas de las venas.
Verted mi sangre toda. Derramadla—.
Absórbala la tierra como suya
y el agua deslizante de algún río
unte con ella el lomo de sus peces.

Ángela Figuera Aymerich
Ilustración: Conrad Roset

martes, 23 de octubre de 2018

Inventario

Cuatro son las cosas que conozco y me hacen más sabia:
Pereza, pena, un amigo y un enemigo.
Cuatro son las cosas sin las cuales todo hubiera estado mejor:
amor, curiosidad, pecas, dudas.
Tres son las cosas que nunca lograré:
Envidia, profundidad y suficiente champagne.
Tres son las cosas que tendré hasta la muerte:
Risa y esperanza y un ojo en compota.
Coincidencia desafortunada
Desde el momento en que jures que sos suya,
Temblando de emoción, suspirando,
Y él jure que su pasión es
infinita, que está siempre encendida.
Mi querida, anotate esta:
Uno de los dos está mintiendo.


Dorothy Parker
Ilustración: Troy Brooks

lunes, 22 de octubre de 2018

Carta


Amor mío:
el tiempo turbulento pasó por mi corazón
igual que, durante una tormenta, un río pasa bajo un puente:

rumoroso, incesante, lleva lejos
hojas y peces muertos,
fragmentos desteñidos del paisaje,
agonizantes restos de la vida.

Ahora,
todo ya aguas abajo
-luz distinta y silencio-,
quedan sólo los ecos de aquel fragor distante,
un aroma impreciso a cortezas podridas,
y tu imagen entera, inconmovible,
tercamente aferrada
-como la rama grande
que el viento desgajó de un viejo tronco-
a la borrosa orilla de mi vida.

Ángel González
Ilustración: Adolfo Serra  

domingo, 21 de octubre de 2018

Deducción


No acabarán el amor,
ni la riña,
ni la distancia.
Pensado,
probado,
verificado.
Levanto solemne
el verso de mil dedos-estrofas.
Juro, amo,
fiel y seguro.

Vladimir Maiakovski

Ilustración: Naranjalidad (Beatriz Ramo)

sábado, 20 de octubre de 2018

Estoy aquí


Estoy aquí
en el mundo
en un lugar del mundo
esperando
esperando.
Ven
o no vengas
yo
me estoy aquí
esperando.



Idea Vilariño
Ilustración: Véronique Paquereau

viernes, 19 de octubre de 2018

Amor es más espeso...


amor es más espeso que olvido
más tenue que recuerdo
más rara vez que una ola está mojada
más frecuente que fracasar

es más loco y lunarmente
y menos ha de noser
que todo el mar que sólo
es más hondo que el mar

amor es menos siempre que ganar
menos nunca que viviente
menos más grande que el mínimo comienzo
menos más chico que perdono

es más cuerdo y solarmente
y más no puede morir
que todo el cielo que sólo
está más alto que el cielo

e.e. cummings
Ilustración: Gabriel Pacheco

jueves, 18 de octubre de 2018

Éste es un amor

Éste es un amor que tuvo su origen
y en un principio no era sino un poco de miedo
y una ternura que no quería nacer y hacerse fruto.

Un amor bien nacido de ese mar de sus ojos,
un amor que tiene a su voz como ángel y bandera,
un amor que huele a aire y a nardos y a cuerpo húmedo,
un amor que no tiene remedio, ni salvación,
ni vida, ni muerte, ni siquiera una pequeña agonía.

Éste es un amor rodeado de jardines y de luces
y de la nieve de una montaña de febrero
y del ansia que uno respira bajo el crepúsculo de San Ángel
y de todo lo que no se sabe, porque nunca se sabe
por qué llega el amor y luego las manos
—esas terribles manos delgadas como el pensamiento—
se entrelazan y un suave sudor de —otra vez— miedo,
brilla como las perlas abandonadas
y sigue brillando aún cuando el beso, los besos,
los miles y millones de besos se parecen al fuego
y se parecen a la derrota y al triunfo
y a todo lo que parece poesía— y es poesía.

Ésta es la historia de un amor con oscuros y tiernos
orígenes:
vino como unas alas de paloma y la paloma no tenía ojos
y nosotros nos veíamos a lo largo de los ríos
y a lo ancho de los países
y las distancias eran como inmensos océanos
y tan breves como una sonrisa sin luz
y sin embargo ella me tendía la mano y yo tocaba su piel
llena de gracia
y me sumergía en sus ojos en llamas
y me moría a su lado y respiraba como un árbol despedazado
y entonces me olvidaba de mi nombre
y del maldito nombre de las cosas y de las flores
y quería gritar y gritarle al oído que la amaba
y que yo ya no tenía corazón para amarla
sino tan sólo una inquietud del tamaño del cielo
y tan pequeña como la tierra que cabe en la palma
de la mano.
Y yo veía que todo estaba en sus ojos —otra vez ese mar—,
ese mal, esa peligrosa bondad,
ese crimen, ese profundo espíritu que todo lo sabe
y que ya ha adivinado que estoy con el amor hasta
los hombros,
hasta el alma y hasta los mustios labios.
Ya lo saben sus ojos y lo sabe el espléndido metal
de sus muslos,
ya lo saben las fotografías y las calles
y ya lo saben las palabras —y las palabras y las calles
y las fotografías
ya saben que lo saben y que ella y yo lo sabemos
y que hemos de morirnos toda la vida para no rompernos
el alma
y no llorar de amor.


Efraín Huerta
Ilustración: Suzanne Jalenques

sábado, 6 de octubre de 2018

Sirenas


Con risas sordas, gruñidos y sollozos, las hijas del mar
pelean y se abrazan entre negros peñascos,
peinan sus cabelleras relucientes en la sombra
y arrastran, taciturnas, su ondulante piel por la playa

A su lado se bañan anguilas viajeras,
ágiles cachalotes y un oso-niño color de nieve;
el fuego de sus ojos se aviva y se extingue,
trémulo faro sobre las olas, provocando el naufragio.

Sus cuerpos de ámbar y de leche toman la forma de las
olas;
en la amarga niebla que el mar exhala, el incierto deseo,
el pesar, el terror y la esperanza condensan la noche.

Y los náufragos, mecidos blandamente sobre la garganta
donde todo zozobra, paladean en la oscura inmensidad
el cálido amor que esconde la muerte en la entraña del
agua.

Marguerite Yourcenar
Ilustración: Christian Schloe

martes, 2 de octubre de 2018

La ventana sin barrotes


Lo que los aviadores ven
a tres mil metros de altura
lo que los mineros ven
derrumbando árboles de cristal
lo que los buzos ven
dentro del mar, pisando tierra como quien pisa una flor,
lo que el ciego ve cuando está caminando
lo que los niños creen ver cuando están dormidos
lo que los sonámbulos ven, ante una pila goteando,
lo que se ve cuando el amor es un abrazo
lo que se ve y no se ve
es lo que estoy viendo ahora
como si en tu mano hubiese una moneda
de corona escondida
y en el cielo los lados ocultos de los planetas
se revelasen.

Veo el mundo con los ojos heridos por las estrellas
y con los pulsos quemados por las estaciones.
En el cuarto donde duermo oigo el rumor de antípodas
[conciliados
y de trópicos que resbalan, perpendicularmente, sobre
[mis párpados
cuando hace sol apenas en mi sueño.
Duermo en el centro del universo y mi inocencia es
[enorme.
Como el joven amante esclavizado a la hidráulica de un
[cuerpo desnudo
asisto al movimiento de las estrellas y a la carrera de las
[nubes
y mi espíritu festeja este mundo infinito, que jamás se
[inició y jamás terminará,
este mundo en que el universo contemplado en la noche
[es polvo
como un día que llorase sobre los hombros de los siglos.
Lo que los vivos ven y no olvidan
lo que todo hombre recuerda, la vida entera.
es lo que estoy viendo en este instante.



Lêdo Ivo
Ilustración: Victor Tkachenko

lunes, 1 de octubre de 2018

Conjuro

Cuando revuelvo el brazo
no estrecho, rompo el lazo.

Ya sólo un camino breve
busco: El que de ti me lleve.

¡Con qué agua te apagaré!...
¡Con qué llama te quemaré!...

Para cortar tu nudo..., ¿qué espada?
Para talarte, ¿qué hacha afilada?

Un muro busco, un muro de granito
donde se estrelle el mar de tu infinito...

Racimo de octubre, dame un no bebido...
vino que me haga olvidar su olvido...

¡Oh lámpara, apágate si has de alumbrarlo!...
¡Rómpete, oh labio, en tierra antes que llamarlo!

He llegado hasta donde nadie pudo llegar.
Si aun vuelvo la cabeza..., ¡Dios me vuelva de sal!


Dulce María Loynaz
Ilustración: Antonello Silverini